Angustia mucho no saber que quiere el otro de vos, te inquieta, te perturba, por eso nos volvemos desconfiados, nos ponemos a la defensiva, asumimos siempre que las intenciones del otro no son buenas. Nunca podemos saber que quiere el otro, o porque nos quiere, eso es un eterno misterio. ¿Por qué siempre caemos en la trampa de dar respuestas apresuradas?